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domingo, 18 de octubre de 2009

La Botica de Alcocer



En la calle Mayor, en el bajo de una bien cuidada casa, escondida a la mirada de los curiosos, se encuentra uno de los lugares más emblemáticos y queridos por los Alcocereños; estamos hablando de su antigua botica, hoy día cuidada con mimo y esmero por doña María, hija del titular de la misma, hoy día ya fallecido.
En el camino de la Iglesia Parroquial y cerca del Ayuntamiento, se encuentra esta joya que contiene aun en perfecto estado de conservación, las estanterías de madera y cristal, “El Botamen”…(Conjunto de recipientes de loza ó cristal donde se guardaban los productos químicos, plantas o esencias naturales para la fabricación de las medicinas).

En la mesa, se acumulan objetos que en su día fueron extremadamente valiosos y útiles, para la elaboración de pomadas, ungüentos, píldoras, supositorios, etc,; entre estos, infernillo, mechero de alcohol, morteros de mármol, tubos de ensayo, balanzas,
una de ellas de precisión, libros, espátulas, y todo cuanto era necesario para obtener las medicinas.

Resulta curioso atender a las explicaciones de doña María; lo que más me llamó la atención fue la explicación que daba al conocido término “Dorar la píldora”….

Lo que hoy día utilizamos como una metáfora, está basado en que desde siempre, los medicamentos (infusiones, polvos, brebajes...) se han caracterizado por tener un sabor amargo, lo cual los hacía molestos en el momento de tener que tragarlos, pero eso era considerado algo natural, tanto como lo era el hábito de tener que soportar el dolor.

Hoy, todos sabemos que esos botoncitos compuestos por distintas variedades de productos medicinales llamados píldoras suelen estar integrados -por lo general- por elementos de sabor amargo y desagradable al paladar.
De ahí, que los antiguos boticarios, tal como se sigue haciendo en el día de hoy en los modernos laboratorios farmacéuticos, para disfrazar o disimular ese desagradable sabor, acudiesen al recurso de envolver con alguna sustancia de gusto azucarado y suave al paladar, de manera que se facilitara la acción de tragar el medicamento.

Ese es el sentido de la expresión dorar la píldora, que hoy aplicamos en el lenguaje diario para hacer o decir algo de una forma más suave y tratando de no herir a quien nos escucha.

La frase de hoy proviene de los boticarios (de los farmacéuticos) quienes, para hacer más atractivas las píldoras (pastillas, medicinas) las cubrían con tintes de varios colores. De esta manera tanto niños como mayores no sentían tanto rechazo al tomarlas ya que parecían caramelos en lugar de medicinas, y como el factor psicológico en tan importante en estos casos, pues la verdad es que conseguían el efecto deseado: que la gente las comprase y las tomase.

Y esa tradición de las farmacias y ha ido transmitiendo hasta el vocabulario popular con frases como la de hoy: dorar la píldora. Y es que el lenguaje se nutre de las más insospechadas fuentes.

En primitivas máquinas se fabricaban las píldoras que se cubrían con una pasta amasada con los llamados excipientes: harina, azúcar, almidón, colorante. Del azúcar viene aquello de “endulzar la píldora”: En cuanto al color, era tradición asociar el aspecto de la píldora con los beneficios esperados: amarillo bilis para las dolencias del hígado, rojo para los males de la sangre, verde para infundir energía. Si el enfermo mostraba resistencia a tragar medicamentos, era común hacerlos más atractivos a la vista coloreando las grageas con una capa color oro. De ese disfraz farmacéutico nos ha quedado la expresión “dorar la píldora”, un revestimiento de consuelos, elogios y simpatía para disimular lo que se sabe muy difícil de tragar.

Pues bien, en la farmacia de Alcocer aun existe un recipiente con forma semiesférica y ajustada tapa, provisto de su correspondiente peana, (algo así como los soportes para colocar los huevos pasados por agua), en donde se colocaban las píldoras y el polvo de oro autentico, en el cual tras agitar con movimientos ascendentes y circulares, se bañaban los principios activos, no tanto en este caso por darles un aspecto atractivo, sino para proteger el primer tramo del aparato digestivo, frente a la agresión de ciertas sustancias, que podían producir lesiones o intolerancia en esta zona del esófago.

Hoy día todavía se conservan substancias para la elaboración de los medicamentos en alguno de los botes y copas de loza, así como en las botellas de cuello alto. Un inconfundible olor a botica, inunda aun muchos años después este despacho y su rebotica.
No dejes de visitar Alcocer, su Iglesia Parroquial, llamada la Catedral de la Alcarria, y su inmejorable restaurante Casa Goyo, así lo aconsejan. Pasarás un día inolvidable en la Hoya del Infantado.
Aun después y si te queda tiempo, puedes
cruzar por el nuevo puente que une Guadalajara con Cuenca, visitando el bonito pueblo de Cañaveruelas y el asentamiento romano del siglo II, de Ercavica. Gregorio Villamil de las Heras, Alcalde-Presidente y Delegado en Cuenca de la Real Liga Española Mares de Castilla os invitan a hacerlo.
¡¡ Estáis en la Alcarria Conquense !!
Fuente de Cañaveruelas

José Carlos Tamayo

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